ENEMIGO # 2: “No tienes nada, eso es normal”

Una de las frases que genera mayor frustración en los pacientes es “no tienes nada, eso es normal”.

Martha es una paciente de 39 años que consultó al médico porque desde hace un mes y medio venía presentando dolor de cabeza de presentación frecuente, dolor de espalda, fatiga, dificultad para dormir y en ocasiones dolor en los muslos.

Cuando llegó a la cita le contó al médico cada uno de sus síntomas y a continuación pasó a la camilla en donde él le tomó la presión arterial, le escuchó el corazón y los pulmones y la invitó a sentarse nuevamente al frente del escritorio. Tras unos 4 minutos escribiendo en el computador el médico le dijo a Martha:

—Hazte una radiografía y un examen de sangre, y pides cita con los resultados.

Martha de inmediato replicó:

—Doctor, y ¿qué me va a mandar para el dolor?

—Mientras tanto toma acetaminofén— respondió el médico.

Martha salió del consultorio no muy a gusto con el tratamiento indicado; al llegar a casa pidió la cita para la radiografía y al día siguiente estaba a las 6:00am en el laboratorio haciéndose los exámenes de sangre; un hemograma y una glucosa en ayunas (examen de azúcar).

Dos días más tarde le hicieron la radiografía y al tener los reportes de todos los exámenes llamó a su EPS a pedir cita para hacer revisar los exámenes.

Transcurrieron 8 largos días en los que Martha aguantó minuto a minuto el dolor de espalda que se hacía cada vez más fuerte, ahora ya le dolía la parte baja del abdomen. Por fin llegó la cita de revisión y le entregó los papeles al médico quien los leyó durante un par de minutos.

—La radiografía se ve muy bien y el hemograma y la glucosa están dentro de lo normal.

—Entonces, ¿qué es lo que tengo?

—Estás bien, debe ser por la edad. Tu sabes que a medida que envejecemos los seres humanos nos desgastamos y nos duele el cuerpo.

—Y entonces ¿por qué no se me quita el dolor de cabeza?

—Eso es migraña— dijo el médico.

—Pero es que yo nunca he tenido migraña, replicó Martha.

—Pues te acaba de empezar.

—Doctor, y ¿no me puede mandar una resonancia?

—No es necesario, para diagnosticar una migraña no se necesitan otros exámenes.

—Entonces, ¿cómo me puedo quitar este dolor de cabeza y de espalda?

—Tienes que aprender a vivir con él— expresó el médico y prosiguió: —Toma ibuprofeno, una tableta cada 8 horas pero solo durante 7 días. No te puedes pasar de 7 días porque se afecta el riñón.

Martha salió del consultorio sintiéndose terriblemente frustrada porque había llegado a la consulta con la esperanza de obtener un alivio para su dolor. Llegó a su casa llorando, y su madre al verla así marcó el teléfono de la EPS y solicitó una cita con otro médico.

Una historia de consultorio de la vida real

La historia de Martha es inspirada en la vida real. De hecho solo cambié el nombre de la protagonista. Esta es una historia que se presenta con alguna frecuencia.

Desde mi punto de vista, llegar a decir a un paciente que algo es normal o propio de su proceso vital o de envejecimiento es algo que se puede hacer solo después de haber hecho un exhaustivo interrogatorio, un completo examen físico donde se evalúe sistema por sistema y se hagan ayudas diagnósticas para confirmar o descartar las sospechas que surgieron en la consulta.

En un caso como el acabo de contar hubiese sido indispensable hacer muchas preguntas buscando síntomas en otros sistemas, indagando sobre factores desencadenantes, agravantes y mitigantes de los síntomas expuestos, tratamientos recibidos, hábitos de alimentación, antecedentes, entre otros. Indagar sobre presencia de síntomas urinarios, cada cuánto se presenta el dolor… En el examen físico de Martha no se podría negociar la realización de un examen neurológico completo en el que se evalúe fuerza, sensibilidad, marcha y órganos de los sentidos, uno por uno. El examen de la columna vertebral que incluye palpación de la espalda, puño-percusión y realización de algunos movimientos. Seguidamente una evaluación del abdomen con auscultación, observación, palpación nos permitiría identificar otras posibles causas de dolor de espalda baja, que incluso pudieran tener relación con el dolor de cabeza y la fatiga.

Preguntar, escuchar, preguntar, escuchar, examinar y examinar.

enemigono2Lo que quiero decir con todo esto es que como médicos tenemos el compromiso de aprovechar al máximo los recursos diagnósticos con los que contamos. No es mejor médico quien más ayudas diagnósticas solicita, sino quien más pregunta y mejor examina. Las ayudas diagnósticas, como acabé de decir, solo sirven para confirmar o descartar las sospechas que ya generé con el interrogatorio y el examen físico.

Decirle a un paciente que algo es normal o propio de su proceso de envejecimiento es algo que solo se puede hacer después de haber descartado muchas otras cosas que puedan explicar los síntomas. El médico debe ganarse el derecho, mediante una completa atención, de poderle eventualmente decir al paciente que no tiene nada y puede estar tranquilo; pero esto es algo que no tendría por qué decirse tan rápido y mucho menos en el caso de una mujer joven como Martha.

Yo siempre le digo a mis pacientes: “Nunca le exijan exámenes de laboratorio a un médico. Pídale respetuosamente que lo interrogue y lo examine lo suficiente como para aproximarse a un diagnóstico”.

juanfelipevelasquezmedicogeneralmedellin

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *